miércoles, 30 de enero de 2013

La Ética Revolucionaria

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 (Viceministra de Participación y Apoyo Académico, República Bolivariana de Venezuela)

En principio debemos definir dos términos que generalmente se asumen como iguales, ellos son: Ética y Moral los cuales están sujetos a diversos convencionalismos y que cada autor, época o corriente filosófica las utilizan de diversas maneras. Pero para poder distinguirlas será necesario señalar las características de cada una de ellos, así como sus semejanzas y diferencias.
Características de la Moral. Hecho real que encontramos en todas las sociedades; conjunto de normas a saber que se transmiten de generación en generación, evolucionan a lo largo del tiempo y poseen fuertes diferencias con respecto a las normas de otra sociedad y de otra época histórica, estas normas se utilizan para orientar la conducta de los integrantes de esa sociedad.
Características de la Ética. Hecho real que se da en la mentalidad de algunas personas, es un conjunto de normas a saber, principio y razones que un sujeto ha realizado y establecido como una línea directriz de su propia conducta.
En resumen:
La Moral es un conjunto de normas que una sociedad se encarga de transmitir de generación en generación y la Ética es un conjunto de normas que un sujeto ha esclarecido y adoptado en su propia mentalidad.

ÉTICA REVOLUCIONARIA
Entendemos por ética revolucionaria una práctica humanista de los sujetos políticos que están comprometidos en la teoría y la acción con la justicia social, con el cambio de la sociedad capitalistacon el socialismo.
La ética en la política, es la actitud, la práctica de los representantes o dirigentes del pueblo de acuerdo a determinados valores morales frente a situaciones concretas del quehacer público. La práctica de las fuerzas revolucionarias que trabajan con la clase trabajadora y las fuerzas populares, busca cambiar las estructuras ideológicas, socioeconómicas y las prácticas del capitalismo. Para hacerlo justamente deben ejemplificar con una nueva actuación, impresa por valores como la honradez, la responsabilidad, la solidaridad, la austeridad.

LECCIÓN DE ÉTICA
Tanto Gramsci como el Ernesto “Ché” Guevara, expresan en cuanto a la ética que más allá de las diferencias culturales, lo importante es valorar la coherencia entre lo que dice y lo que se hace. Por eso, al cabo de los años, es que podamos seguir considerando a ambos, con verdad, como ejemplo vivo de aquellos ideales ético-políticos por los que combatieron.
¿Qué es lo que hace de Gramsci un personaje tan universalmente apreciado en estos tiempos difíciles para el ideario comunista?
Que siendo, como era, un dirigente, se entregó a la realización de la idea comunista como uno más, en el marco de un proyecto colectivo para el que la reforma moral e intelectual pasa, entre otras cosas, por intentar hacer del “yo” un “nosotros”.
El proyecto de Gramsci se puede entender, desde nuestro presente, como un continuado esfuerzo por hacer de la política comunista una ética de lo colectivo.
Gramsci no escribió ningún tratado de ética normativa. El no era un filósofo académico ni un político corriente especialmente preocupado por la propia imagen. Pero dio con su vida una lección de ética. Una lección de ética de esas que quedan en la memoria de las gentes, de esas que acaban metiéndose en los resortes psicológicos de las personas y que sirven para configurar luego las creencias colectivas. Que las ideas cuajen en creencias, en el marco de una tradición crítica y con una identidad alternativa a la del orden existente, que se prefigura ya en la sociedad dividida: tal fue su aspiración desde joven.
Al hablar de la relación entre ética y política hay dos aspectos igualmente interesantes sugeridos por la palabra escrita y por su hacer. Uno de estos aspectos se plantea al indagar acerca de la forma en que él mismo vivió la relación entre política y moralidad. El otro asunto interesante brota al preguntarnos cómo reflexionó Gramsci acerca de la relación entre el ámbito de la ética y el ámbito de la política y qué propuso a este respecto desde esa reflexión.
Cuando se estudia paralelamente la lección personal de ética en la vida de Gramsci y su reflexión acerca de la relación entre ética y política se llega a la conclusión de que el legado gramsciano puede resumirse en tres puntos: idealismo moral, primacía de la política entendida como ética de lo colectivo y revisión historicista y realista del imperativo categórico kantiano.
Idealismo moral:
Es el idealismo del hombre que sabe que no vive en el país de las maravillas sino en un “mundo grande y terrible”, que conoce la pestilencia de este mundo dividido, de este mundo de las desigualdades, y que lucha por cambiarlo a pesar del pesimismo de la inteligencia.
Ética de lo colectivo
La búsqueda de un equilibrio entre ética privada y ética pública (o sea, entre ética y política como ética de lo colectivo), se lleva a cabo en Gramsci a través de una crítica paralela del maquiavelismo corriente y del marxismo vulgar. En ambos casos la degradación del punto de vista original, de Maquiavelo y de Marx, consiste, por así decirlo, en la confusión de la moral política con la moral privada, de la política con la ética.
La gran contribución de Maquiavelo consiste, para Gramsci, en haber distinguido analíticamente la política de la ética. Y en haberlo hecho no sólo, o no principalmente, en beneficio del Príncipe, sino en favor de los de abajo. De ahí su republicanismo.
En Maquiavelo no hay una aniquilación de la moral por la política, sino una distinción analítica, metodológica, entre moral y política que no niega toda moral. En él se afirma la necesidad de otra moral, de una moral distinta de la dominante, cristiano-confesional.
Imperativo categórico kantiano.
Según Kant hay que obrar de forma tal que la propia conducta pueda convertirse en norma para todos los hombres en condiciones semejantes, presupone una sola cultura, una sola religión, un conformismo mundial, cuando en la realidad no hay condiciones semejantes. Esta crítica apunta hacia el lado débil del proyecto moral ilustrado: su pretensión de universalidad valorativa por encima de las diferencias histórico-culturales.
De acuerdo con esta crítica gramsciana, el principio kantiano del imperativo categórico conduce a una absolutización o generalización de las creencias históricamente dadas.
Gramsci afirma que no puede haber actividad política permanente que no se sostenga en determinados principios éticos compartidos por los miembros individuales de la asociación correspondiente.

CONCEPTO DE ESTADO
El concepto Estado ha sido objeto de diversas definiciones, lo cual es explicable teniendo en cuenta los muchos factores que confluyen en él y los variados enfoques con los que se examina, provenientes de disciplinas tales como la ciencia política, la sociología y, el derecho entre otras.
La palabra Estado en términos jurídico – político se le debe a Maquiavelo, cuando introdujo esta palabra en su obra "El Príncipe” al decir: "Los Estados y soberanías que han tenido y tiene autoridad sobre los hombres, fueron y son, o repúblicas o principados”.
Platón estima que la estructura del Estado y del individuo son iguales, y con ello, analiza las partes y funciones del Estado y posteriormente, las del ser humano, con lo cual establece el principio de Estado anterior al hombre, porque, además, la estructura de aquél, aún siendo igual a la de éste, es más objetiva o evidente.
Aristóteles, por su parte, es más enfático y declara que el Estado existe por naturaleza, y por tanto, es anterior al hombre, no por ser éste autosuficiente y solo podrá serlo respecto al todo, en cuando a su relación con las demás partes, complementando su expresión al decir, que quien no convive con los demás en una comunidad, "o es una bestia, o es un dios".
Los elementos del Estado son:
 Pueblo; conjunto de personas físicas que lo componen.
 Territorio; espacio físico sobre el que el Estado se asienta
 Poder; capacidad de unas personas de mandar sobre otras 
Entonces, según esta visión, cuando en un territorio determinado, un conjunto de personas logra organizar y ejercer el poder sobre el conjunto de la población, nos encontramos con un Estado.
Ahora podemos decir que el Estado es una sociedad humana, asentada de manera permanente en el territorio que le corresponde, sujeta a un poder soberano que crea, define y aplica un orden jurídico que estructura la sociedad estatal para obtener el bien público temporal de sus componentes.
Max Weber adiciona un elemento más al concepto de Estado: la legitimidad del ejercicio del poder. Para él, Estado es una asociación de personas, que en el interior de un territorio ha logrado monopolizar con éxito el ejercicio de la coacción física legítima. Legítimo, para Weber quiere decir, que quien obedece "cree" que esa orden es obligatoria. Legitimidad es para él "creencia" en la legitimidad. En cuanto al Concepto de Poder, para Weber queda garantizado, en definitiva por la amenaza de sanción, es decir, por la amenaza de aplicar la fuerza física si no se logra obediencia. Y lo característico del Estado es que se ha logrado monopolizar, es decir concentrar en un único centro, el ejercicio del poder, y que ese poder se ejerce en forma legítima, es decir, que la población cree estar obligada a obedecer.
Según la visión marxista, lo característico del Estado, más allá de los elementos mencionados (territorio, población, poder, legitimidad), es la función que cumple en el marco de la sociedad de clases. Como la sociedad está dividida en clases antagónicas: los dominadores y los dominados, el Estado es el "instrumento" a través del cual se mantiene esa dominación. Y esa dominación se instrumenta por consenso o por coerción: por el convencimiento, o por la fuerza, es decir, por la dominación ideológica, o por la represión. Lo normal en el Estado burgués es que la dominación de clase se logre, mayormente, por consenso, es decir, por dominación ideológica. ¿Cómo se obtiene este consenso? A través de una especie de "engaño", del que los dominados no tienen conciencia. Los intereses particulares de la clase dominante, son presentados, por los líderes políticos burgueses, como si fueran intereses del conjunto de la sociedad. Para ello se apela a conceptos de lo "popular", "nacional", la "ciudadanía", etc. Cuando este consenso ha sido logrado, decimos que la dominación de clase alcanza el grado de "hegemonía".
Así, pensado el estudio del concepto de Estado no es una mera definición formal de conceptos abstractos, sino que se trata de adentrarse en las formas jurídico políticas que adquiere la dominación social. Por eso, para hacer una historia de los modelos de Estado, debemos irremediablemente remitirnos a la historia social.

BUROCRACIA
Orígenes de la burocracia
La burocracia es una forma de organización humana que se basa en la racionalidad, en la adecuación de los medios a los objetivos pretendidos, con el fin de garantizar la máxima eficiencia en la búsqueda de esos objetivos. Los orígenes de la burocracia se remontan a la Antigüedad.
El término "burocracia" ha pasado a formar parte del lenguaje cotidiano. Preferentemente se le usa en el ámbito de las organizaciones públicas que constituyen el Estado, olvidando que las burocracias, en cualquiera de sus sentidos, operan también en el sector privado.
El propio Max Weber consideró a la burocracia como un tipo de poder y no como un sistema social. Un tipo de poder ejercido desde el Estado por medio de su "clase en el poder", la clase dominante.
El término burocracia tendrá tres connotaciones:
Burocracia en el sentido de vulgata: su significado ordinario, popular y parroquial.
Burocracia como clase social dominante incrustada en el Estado.
Burocracia como modelo de organización, en el sentido weberiano del término.
La burocracia, para Max Weber, es la organización eficiente por excelencia, la organización llamada a resolver racional y eficientemente los problemas de la sociedad y, por extensión, de las empresas. La organización burocrática esta diseñada científicamente para funcionar con exactitud, precisamente para lograr los fines para los cuales fue creada, no más, no menos.
Max Weber el más importante estudioso de la estructura y principios de la burocracia, identificó las siguientes normas básicas fundamentales:
1) El funcionariado está organizado como una jerarquía de mandos,
2) los funcionarios son remunerados mediante un sueldo y no reciben gratificaciones por servicios,
3) la autoridad de los funcionarios proviene de su cargo y viene determinada por éste,
4) el nombramiento responde a méritos probados, no a recomendaciones,
5) las decisiones se toman de acuerdo con unas reglas estrictas preestablecidas y
6) las burocracias actúan mediante la aptitud técnica y mantienen un registro de sus actuaciones. Weber consideraba que las burocracias constituidas de esta manera eran especialmente eficaces para cumplir con sus funciones, y por ello confiaba en que la burocratización se extendiera por todo el mundo.

BUROCRATISMO
Este no nace en la sociedad socialista ni es un componente obligado de ella. Existía en época de los regímenes burgueses con su cortejo de prebendas y de lacayísmo.
En una sociedad capitalista, donde el aparato del Estado está puesto al servicio de la burguesía, su importancia como órgano dirigente es muy pequeña y lo fundamental resulta hacerlo lo suficientemente permeable como para permitir el tránsito de los aprovechados y lo suficientemente hermético como para apresar en sus redes al pueblo. 
El mal del burocratismo se presenta en tres razones o causas fundamentales. Una: falta de motor interno o sea la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Basada en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal; Otrafalta de organización, su característica fundamental es la falla en los métodos para encarar una situación dada. Ejemplos podemos ver en los Ministerios, cuando se quieren resolver problemas a otros niveles que el adecuado, o cuando éstos se tratan por vías falsas y se pierden en el laberinto de los papeles.
El burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario.
Una tercera: muy importante, es la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión. Las discusiones suelen volverse interminables, sin que ninguno de los expositores tenga la autoridad suficiente como para imponer su criterio. Después de una, dos y otras tantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea.
Esto configura el "reunionismo", que se traduce fundamentalmente en falta de perspectiva para resolver los problemas
En estos casos, el burocratismo, es decir, el freno de los papeles y de las indecisiones al desarrollo de la sociedad, es el destino de los organismos afectados.
Si conocemos las causas y los efectos del burocratismo, podemos analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal.
De todas las causas fundamentales, podemos considerar a la organización como nuestro problema central y encararla con todo el rigor necesario. Para ello debemos: modificar nuestro estilo de trabajo; jerarquizar los problemas, establecer las relaciones concretas entre cada uno de ellos y los demás.
Esa es la tarea más asequible a nuestras fuerzas actualmente, y nos permitirá, como ventaja adicional encaminar hacia otros frentes a una gran cantidad de empleados innecesarios, que no trabajan, realizan funciones mínimas o duplican las de otros sin resultado alguno.
Simultáneamente, debemos desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de disposición. El camino es: la educación político-ideológica.
En ese sentido, la intención del Gobierno Revolucionario en esta nueva etapa que se inicia, es convertir nuestro país en una gran escuela, una gran escuela que nos permita conocer, reconocer, reflexionar, identificar y construir espacios de poder de manera conciente y comprometidos con el ideal bolivariano, nuestro americano, pasando de ser actores pasivos a activos en las diferentes funciones que debamos cumplir. Entendiendo que el estudio y la superación de los estudios sean uno de los factores fundamentales para el mejoramiento de la condición del individuo, tanto económicamente como en su ubicación dentro de la sociedad, de acuerdo con sus cualidades.

viernes, 25 de enero de 2013

Dinámicas Conductuales Del Mal-Estar: Reflexiones Acerca De Nuestro Vivir.

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AUTOR: GUSTAVO YURI GRACIA, ESTUDIANTE DE 5º AÑO (V) DE LA CARRERA DE PSICOLOGÍA  UMAR - LA SERENA; EN EL VIII CONGRESO INTERNACIONAL DE SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO; NOVIEMBRE DE 2009; BUENOS AIRES, ARGENTINA.
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El vivir nos sucede en el mundo que co-habitamos, junto a todos los seres, humanos o no humanos, de modo que el grado de bien-estar o mal-estar en los que nos encontramos, no pueden comprenderse ajenos al entorno social-ecològico, en el que realizamos nuestra existencia.

Lo que nos rodea, queda necesariamente afectado por nuestros actos y por lo que nos sucede, del mismo modo que lo que ocurre en nuestro entorno, nos afecta tambièn, en un proceso permanente de acoplamiento y afectaciòn mutua entre organismo y medio.

Asì, en esta dinàmica de afectaciòn mutua, podemos evidenciar situaciones conmovedoras y alarmantes ocurriendo en nuestro vivir de èste mismo momento:

- Se desvanecen los hielos glaciales y plataformas heladas a una velocidad que probablemente permita que los eventuales nietos de los màs jòvenes aquì presentes, sepan de aquellas maravillosas conformaciones geològicas, sòlo por imàgenes del pasado.
- Se transmutan en vergonzosas fumaradas, milenarios bosques, estepas, y sabanas, junto a los innumerables e imprescindibles organismos que los habitan.
- Las extensiones acuìferas del globo, dejan implacablemente de constituìr un hàbitat para mùltiples seres y organismos fundamentales para el sostenimiento de la vida.
- El aire, deviene en una masa gaseosa, progresivamente irrespirable, saturada de partìculas venenosas.

Todo esto sucede en proporciòn directa al aumento del sufrimiento humano y puede sostenerse que no hay un espacio, a esta altura de las circunstancias, donde no se manifiesten las consecuencias de este particular modo de realizar la existencia humana, de caràcter antropocèntrico, tecnocèntrico y esencialmente; egocèntrico; que deviene en mal-estar o des-armonìa, no sòlo para la especie, sinò como ya se ha indicado, para todos los seres quienes co-habitamos la ecosfera.

Ahora bien. Esto que aquì distingo como mal-estar en nuestro vivir, està referido a un modo contemporàneo de hacer lo que hacemos los humanos, que deviene en reiterada y progresiva des-armonìa, incomodidad creciente, colisiòn con todos los sistemas vitales, tanto internos como externos y corrupciòn de nuestra convivencia, hasta el punto de boicotear ciegamente todos los dominios promotores de nuestra existencia como seres vivos, una habilidad en la cual nuestra especie ha adquirido un temible y abrumador potencial.

En estas circunstancias entonces, como un acto que considero relevante en el proceso de re-encuentro y acciòn social, me permito invitarles a reflexionar acerca de aquel modo de conducirnos y de las dinàmicas emocionales que podrìamos correlacionar con este estado de cosas que nos afecta.

Si uno mira en el devenir evolutivo de nuestra especie, y en general de todos los organismos, y en especial de los mamìferos, a los cuales pertenecemos (aunque esto pueda no gustarle a algunos), podemos distinguir muchos procesos que pueden dar luz acerca de nuestra naturaleza emocional constitutiva.

En este sentido, es posible indicar que el conocimiento humano acerca de nuestra filogenie, supone un proceso evolutivo de alrededor de 3,5 millones de años para nuestra especie, y tambièn supone que alrededor de doscientos mil años atràs en nuestra historia, nuestros ancestros estaban ya en condiciones evolutivas biològicas muy similares a las actuales, lo cual implica capacidades bio-fisiològicas anàlogas a las del ser humano contemporàneo u homo sapiens sapiens, de acuerdo a la clasificaciòn actual.

Tambièn podemos observar en esta deriva de conocimiento acerca de los seres vivos que, en todas las especies, lo que cada organismo requiere, como cuestiòn fundamental para la continuidad de su vivir, es la creaciòn y conservaciòn de un hàbitat protector de su proceso reproductivo, proceso que a su vez constituye el fundamento de la existencia de aquel organismo, siendo esto del mismo modo para la especie humana, atendiendo su condiciòn biològica de primate homìnido.

Esta cuestiòn de la creaciòn y conservaciòn del hàbitat en todo organismo, es posible evidenciarla desde, por ejemplo, una colonia de estreptococos, alojados en una càlida esquina de nuestra garganta (cuando en ese caso se han dado las condiciones para la configuraciòn de un hàbitat apropiado que potencie su proliferaciòn; temperatura, humedad, inmuno depresiòn, etc,), pasando por las diferentes formas de vida animal y vegetal, hasta llegar a las especies mamìferas y, en particular, a estos mamìferos distinguidos a sì mismos como humanos, cuya condiciòn de reproducciòn y conservaciòn de su vivir està dada por el hàbitat distinguido como comunidad y sus dinàmicas relacionales comunitarias.

Continuando, cuando vemos los espacios relacionales e interacciones que animales mamìferos, se dan para la acciòn reproductiva y de conservaciòn espontànea de su vivir, en la cual considero especialmente aquì la crianza, nos impresionamos con actos que frecuentemente connotamos como inteligentes y tiernos entre progenitores y crìas, ya sea en el amamantamiento, el juego, el desplazamiento grupal, el aprendizaje de pràcticas de sobrevivencia, la consecusiòn de alimentos o el ocio.

Al observar estos acontecimientos en estas especies, uno puede apreciar, generalmente, una acciòn concensuada, un proceder espontàneo en el conducirse de los integrantes del grupo, de forma que la organizaciòn grupal puede sostenerse y re-crearse. Y eso aparece naturalmente en la convivencia de cualquiera sea la especie animal a la que hagamos referencia. No hay modo de que una especie, grupo u organizaciòn pueda sostener su existencia en el tiempo, si lo que prevalece es una dinàmica autodestructiva.

En estas circunstancias y siguiendo lo expuesto, co-visualizo que nuestra especie humana no podrìa haberse conservado y evolucionado hasta el momento actual, si no hubiera operado en similares formas de conducirse, que protegieran su organizaciòn grupal y su potencial re-creativo, a travès del cuidado y amparo mutuo, manifestado espontàneamente en la cotidianeidad de cada individuo, perteneciente a esa comunidad humana, quienes con su hacer a su vez, reproducìan naturalmente esta condiciòn de existencia en todos los niveles de la comunidad,

Y para que esto sucediera, ese modo de conducirse en comunidad, no podrìa haberse realizado en presencia permanente de rechazo o exclusiòn mutua, salvo circunstancialmente. Sino màs bien, la comunidad se reproducìa bio-relacionalmente, en el ejercicio cotidiano de una dinàmica co-operativa de co-laboraciòn y aceptaciòn, lo cual en nuestra experiencia, sabemos que integra, estimula la creatividad, cohesiona, diversifica y amplìa la mirada en todos los dominios de nuestro quehacer.

Ahora bien. La Biologìa del Conocer, Biologìa del Amar, explicaciòn del fundamento ontològico constitutivo de lo humano, concebida por el Dr. En Biologìa HMR, es una de las vertientes vitales desde donde modulo y recreo mi mirada y doy curso a esta reflexiòn que comparto con ustedes.

Y esta dinàmica co-operativa en la co-laboraciòn y la aceptaciòn a la que hago referencia, como condiciòn para la conservaciòn de nuestra especie hasta este instante; desde la Biologìa del Conocer-Biologìa del Amar; es distinguida como; Amor. Esto es; el dominio de acciones, o dinàmicas conductuales, donde el otro, la otra, es reconocida-reconocido como legìtimo otro-otra, en mis circunstancias (aparecen en mì espacio relacional, no me son indiferentes).

En estas circunstancias, sòlo la aceptaciòn del otro-otra, en un vivir grupal co-operativo en comunidad, puede haber posibilitado la expansiòn de la especie y el acoplamiento contìnuo con su entorno, en condiciones de severidad y extrema dureza ambiental. La comunidad, lo comunitario y las dinàmicas conductuales en el hacer co-laborativo, surgen juntos, otorgando soporte y protecciòn mutua al interior del grupo, en un proceso de retroalimentaciòn sistèmica.

Prosiguiendo esta deriva reflexiva, si miramos atentamente nuestra cotidianeidad, probablemente podremos apreciar que en una abrumadora mayorìa de dominios del quehacer humano, hoy, aquella emocionalidad en la co-operaciòn y co-laboraciòn, es un dominio de acciones gravemente amenazado por una avasalladora progresiòn de dinàmicas conductuales centradas en la apropiaciòn y la competencia, distinguiendo con estos tèrminos a dinàmicas conductuales donde el otro-otra, aparecen como adversarios, con su imperioso corolario de negaciòn, exclusiòn y aniquilamiento potencial de lo social comunitario y sus pilares bio-relacionales: esto es; destrucciòn del Hàbitat imprescindible para la conservaciòn de la especie.

Este devastador emocionear en la apropiaciòn y la competencia es lo que se ha venido conservando y potenciando en nuestro vivir cultural, al punto que se incorpora tràgicamente como parte de las pautas de crianza actual connotando y promoviendo un operar cotidiano en la apropiaciòn, rivalidad, control y poder desde los primeros años en la ñiñez.

Atendiendo a lo expuesto, sugiero entonces que:

- Las dinàmicas conductuales constitutivas propias de la actual cultura que vivimos, son la competencia, la apropiaciòn, el control y sumisiòn, con sus secuelas correspondientes de exclusiòn, negaciòn, expolio y aniquilaciòn, no sòlo del otro-otra, sino de todo el entorno que nos sustenta, dada la imbricaciòn organismo-medio.
- Ninguna de las consecuencias del operar en alguna de las dinàmicas conductuales que he señalado como propia de esta cultura que co-distingo como patriarcal/matriarcal, devienen en bienestar para el vivir humano. Todas sus consecuencias implican desagregaciòn, corrupciòn de procesos vitales, alienaciòn y necesariamente; enfermedad.
- En estas circunstancias, aquello que nos enferma es de caràcter relacional, fundamentalmente concerniente a la destrucciòn concertada del espacio de interacciones comunitarias, que es donde se recrea lo humano.
- Asì, la enfermedad, como manifestaciòn de des-armonìa, es una respuesta inevitable del organismo a un espacio relacional agresivo-negador. A la pèrdida del hàbitat bio-relacional. El stress, la depresiòn, la ansiedad, la inmunodepresiòn, las somatizaciones son consecuencias naturales a la ruptura de un àmbito que nutre la convivencia. Todo organismo se stressa y deviene en depresiòn reactiva de sus sistemas vitales ante la negaciòn de sustento bio-relacional. En lo humano, esto sucede ante la destrucciòn de la comunidad, esto es; la destrucciòn de lo social y su rotunda consecuencia: el desamparo.
- En el marco de la medicina convencional, estas des-armonìas y pèrdida del contacto social, pretenden ser compensadas por la vìa farmacològica, desde una mirada funcionalista acotada al eventual alivio sintomatològico.
- Este hacer de la medicina convencional fomenta la narco-dependencia y el desconocimiento, al encubrir la naturaleza sistèmica bio-relacional de nuestro vivir y no hacerse cargo de las consecuencias de este encubrimiento, operando en consecuencia, como lùcida y funcional complicidad con las dinàmicas de poder, control y sumisiòn.
- No se nace violento, ni criminal, ni mercenario, ni lacayo: el individuo se configura en estos patrones conductuales, que degradan nuestro vivir, en el proceso de nuestra crianza, en la interacciòn con nuestros cuidadores y nuestro entorno, en una dinàmica de acoplamiento estructural contìnuo entre organismo y medio.
- De este modo la medicina convencional es funcional al sistema de dominaciòn imperante constituyèndose en un instrumento relevante en el proceso de corrupciòn/neutralizaciòn/contenciòn/alienaciòn del potencial social; especialmente al patologizar la diferencia y la rebeldìa.
- La rebeldìa que aparece justamente en la negación, la exclusión del/la otra/o. APARECE como consecuencia intrínseca de las dinámicas de control y sumisión en la cultura patriarcal en la que hoy vivimos. Rebeldía que en lo humano puede tomar formas destructivas en la medida que se conforma como reacción sin reflexión (derivando en desarmonía psíquica y/o relacional como enfermedad y/o en acción destructiva hacia otr@s pares), pero que tambièn puede derivar en un acto de responsabilidad social, dignidad y valentía, si es que el sufrimiento es transformado en acción social a través de la reflexión, que amplía la mirada y sienta las bases para una conducta social responsable, abriéndose a explicarse; de qué se trata, como se entiende lo que ocurre y realizando una acción efectiva en pos de la superación de aquello que nos afecta/oprime.
- Sostengo aquì que la rebeldìa aparece en nuestros corazones como la resistencia a la sumisiòn, la resistencia al poder y al control, la resistencia a la imposiciòn del dominador y sus haceres de mala muerte. La rebeldìa es una respuesta natural desde lo màs ìntimo de nuestra existencia; la rebeldìa creemos como colectivo, es el misterio de la existencia misma buscando la recuperaciòn de su salud, la recuperaciòn de su armonìa.
- Y esto es lo que nos hace rebeldes, y este encuentro mismo aquì en Madres de Plaza de Mayo, es la rebeldìa digna, hacièndose presente, diversa, conciente, Rebelde. Es nuestro corazòn sanàndose del sufrimiento, convirtièndolo en reflexiòn, organizaciòn, dignidad, abrazo y escucha, acogida y resistencia; corazòn madre tierra, que es el corazòn de la salud rebelde.
- Y por eso estamos aquì, porque aquì la rebeldìa, ese acto de sanidad profunda, ha decidido reunirse y dar un nuevo paso en la convivencia y en la resistencia, que es lo que comprendemos como “Salud Rebelde en Movimiento”

En estas circunstancias; nuestro hacer terapèutico, tanto individual como colectivo, nuestra responsabilidad social; es manifestada en la co-laboraciòn para la apertura de espacios de reflexiòn acerca de la cultura en que vivimos y sus consecuencias en nuestro vivir, asì como la indagaciòn y el fomento de instancias de conocimiento y pràctica de sistemas de salud promotores de autonomìa y de una pràctica social integradora, basados en conocimientos ancestrales tanto de las culturas orientales, como las del Abya Yala.

Desde esta mirada, en nuestro parecer entonces: la Rebeldìa es un acto saludable.

Y para dar tèrmino a estas palabras, me permito disponer aquì una conclusiòn vitalmente amorosa, de los progenitores del “Negrito” Floreal Avellaneda…….: “Si algo nos enseñó el dolor fue la rebeldía.”

martes, 22 de enero de 2013

Ellos y nosotros. I.- Las (sin) razones de arriba. - SubComandante Marcos EZLN

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En el comunicado sobre “Las (sin)razones de los de arriba”, el subcomandante Marcos hace una parodia del habla y las razones de “los de arriba”.

El escrito concluye inesperadamente con la palabra “Marichiweu”, que significa en lengua mapundugun “cien veces venceremos”, el grito tradicional de los mapuche, cuyo pueblo hoy atraviesa en Chile una situación alarmante, y su consigna se esparce por el mundo. Equivalente en sus latitudes al “¡basta!” de los zapatistas.

Ellos y nosotros. I.- Las (sin) razones de arriba.

Periódico La Jornada
Lunes 21 de enero de 2013, p. 21
Enero del 2013.
Hablan los de arriba:
“Nosotros somos los que mandamos. Somos más poderosos, aunque seamos menos. No nos importa lo que digas-escuches-pienses-hagas, siempre y cuando estés mudo, sordo, inmóvil.
Podemos imponer como gobierno a gente medianamente inteligente (aunque ya es muy difícil de encontrar en la clase política), pero elegimos a uno que ni siquiera puede simular que sabe de qué va el asunto.
¿Por qué? Porque podemos hacerlo.
Podemos usar al aparato policíaco y militar para perseguir y encarcelar a verdaderos delincuentes, pero esos criminales son parte vital nuestra. En cambio elegimos perseguirte, golpearte, detenerte, torturarte, encarcelarte, asesinarte.
¿Por qué? Porque podemos hacerlo.
¿Inocente o culpable? ¿Y a quién le importa si eres uno o lo otro? La justicia es una puta más en nuestra libreta de direcciones y, créenos, no es la más cara.
Y aunque cumplas al pie de la letra con el molde que imponemos, aunque no hagas nada, aunque seas inocente, te aplastaremos.
Y si insistes en preguntar por qué lo hacemos, te respondemos: porque podemos hacerlo.
Eso es tener el Poder. Se habla mucho de dinero, riquezas, y esas cosas. Pero créenos que lo que excita es este sentimiento de poder decidir sobre la vida, la libertad y los bienes de cualquiera. No, el poder no es el dinero, es lo que puedes tener con él. El Poder no es sólo ejercerlo impunemente, también y sobre todo, hacerlo irracionalmente. Porque tener el Poder es hacer y deshacer sin tener más razón que la posesión del Poder.
Y no importa quién aparezca al frente, ocultándonos. Eso de derecha e izquierda, son sólo referentes para que el chofer estacione el auto. La máquina funciona por sí sola. Ni siquiera tenemos que ordenar que castiguen la insolencia de desafiarnos. Gobiernos grandes, medianos y pequeños, de todo el espectro político, además de intelectuales, artistas, periodistas, políticos, jerarcas religiosos, se disputan el privilegio de agradarnos.
Así que jódete, chíngate, púdrete, muérete, desilusiónate, ríndete.
Para el resto del mundo no existes, eres nadie.
Sí, hemos sembrado el odio, el cinismo, el rencor, la desesperanza, el valemadrismo teórico y práctico, el conformismo del mal menor, el miedo hecho resignación.
Y, sin embargo, tememos que eso se transforme en rabia organizada, rebelde, sin precio.
Porque el caos que imponemos lo controlamos, lo administramos, lo dosificamos, lo alimentamos. Nuestrasfuerzas del orden son nuestras fuerzas para imponer nuestro caos.
Pero el kaos que viene de abajo…
Ah, ése… ni siquiera entendemos qué dicen, quiénes son, cuánto cuestan.
Y luego son tan groseros de ya no mendigar, esperar, pedir, suplicar, sino ejercer su libertad. ¡Habrase visto tamaña obscenidad!
Eso es el verdadero peligro. Gente que mira para otro lado, que se sale del molde, o lo rompe, o lo ignora.
¿Sabes que nos ha dado muy buen resultado? Ese mito de la unidad a toda costa. Entenderse sólo con el jefe, dirigente, líder, caudillo, o como se llame. Controlar, administrar, contener, comprar a un@ es más fácil que a muchos. Sí, y más barato. Eso y las rebeldías individuales. Son tan conmovedoramente inútiles.
En cambio, lo que sí es un peligro, un caos verdadero, es que cada quien se haga colectivo, grupo, banda, raza, organización, y en su lado aprenda a decir no y a decir , y que se pongan de acuerdo entre ellos. Porque el noapunta a quienes mandamos. Y el … uf… eso sí es una calamidad, imagínate que cada quién construya su propio destino, y decidan qué ser y hacer. Sería tanto como señalar que nosotros somos los prescindibles, los que sobramos, los que estorbamos, los que no somos necesarios, los que debemos ser encarcelados, los que debemos desaparecer.
Sí, una pesadilla. Sí, claro, sólo que ahora para nosotros. ¿Te imaginas de qué mal gusto sería ese mundo? Lleno de indios, de negros, de cafés, de amarillos, de rojos, de rastas, de tatuajes, de piercings, de estoperoles, de punks, de darket@s, de chol@s, de skater@s, de esa bandera de la A tan sin nación para comprarla, de jóvenes, de mujeres, de put@s, de niñ@s, de ancianos, de pachucos, de choferes, de campesinos, de obreros, de nacos, de proles, de pobres, de anónimos, de… de otr@s. Sin un espacio privilegiado para nosotros, “the beautiful people“… lagente bien para que nos entiendas…. porque se ve a la legua que tú no estudiaste en Harvard.
Sí, ese día sería noche para nosotros… Sí, todo reventaría. ¿Que qué haríamos?
Mmh… no habíamos pensado en eso. Pensamos, planeamos y ejecutamos qué hacer para impedir que ocurra, pero… no, no se nos había ocurrido.
Bueno, en el dado caso, pues… mmh… no sé… puede ser que buscaríamos culpables y luego, pues buscar, no sé, un plan B. Claro que para entonces todo sería inútil. Creo que entonces recordaríamos la frase de ese maldito judío rojo… no, Marx no… Einstein, Albert Einstein. Me parece que fue él quien dijo: “La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona… y nadie sabe por qué.”
No, tienes razón, ni siquiera alcanzaríamos a sonreír. El sentido del humor siempre ha sido un patrimonio no expropiable. ¿No es una pena?
Sí, a no dudarlo: son tiempos de crisis.
Oye, ¿y no vas a tomar fotos? Digo, para arreglarnos un poco y ponernos algo más decente. Nah, ese modelito ya lo usamos en Hola… ah, pero qué te contamos, se ve claro que tú no has pasado del libro vaquero.
Ah, no podemos esperar a contarle a nuestr@s amig@s que nos vino a entrevistar uno tan… tan… tan… otro. Les va a encantar. Y, bueno, a nosotr@s nos va a dar un aire tan cosmopolita…
No, claro que no te tememos. En cuanto a esa profecía… bah, se trata sólo de supersticiones, tan… tan… tan autóctonas… Sí, tan de región 4… jajajaja… qué buen chiste, deja lo apuntamos para cuando veamos a l@s chic@s…
¿Qué?… ¿no es una profecía?…
Oh, es una promesa…
(…) (sonido de titutata-tatatatá, del esmartfon)
Bueno, ¿policía? Sí, para reportar que vino alguien a vernos. Sí, pensamos que era un periodista o algo así. Se veía tan… tan… tan otro, sí. No, no nos hizo nada. No, tampoco se llevó nada. Es que, ahora que salíamos al club para ver a nuestr@s amig@s, estamos viendo que han pintado algo en el portón de entrada al jardín. No, los guardias no se dieron cuenta de quién. ¡Claro que no!, los fantasmas no existen. Bueno, está pintado así con muchos colores… No, no vimos ningún bote de pintura cerca… Bueno, le decíamos que está pintado con muchos colores, así, muy colorido, muy naco, muy otro, nada qué ver con las galerías donde… ¿qué? No, no queremos que mande ninguna patrulla. Sí, ya sabemos. Pero hablamos para ver si pueden investigar qué quiere decir lo que está pintado. No sabemos si es una clave, o una lengua de ésas raras que hablan los proles. Sí, es una sola palabra, pero no sabemos por qué nos produce escalofríos. Dice:
¡MARICHIWEU!”
(continuará…)
Desde cualquier rincón, en cualquiera de los mundos.
SupMarcos.
Planeta Tierra.
Enero del 2013.

viernes, 18 de enero de 2013

Sobre la centralidad del trabajo

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Sobre la centralidad del trabajo
Rafael Agacino

Por más de tres décadas la teoría social, la historia y la política han dejado de
considerar al trabajo humano como concepto clave y determinante en la configuración
y dinámica de la sociedad, desplazándolo del lugar central que antes tenía en ellas.
Paralelamente, la clase trabajadora, y en especial la clase obrera, ha desaparecido de
la escena política e incluso de la propia producción - tema sobre el cual volveremos.
La derecha ha sustituido a esta clase, por categorías como el "emprendedor" y el
"consumidor"; la izquierda “progresista”, en distintos momentos, por las categorías de
"el ciudadano", "las mujeres" y "las minorías sexuales"; y los tecnócratas de toda
estirpe, como objeto de las políticas públicas, por “los sectores vulnerables”, "los
pueblos originarios" y "los pobres": ciudadanos pobres, mujeres pobres, minorías
sexuales empobrecidas, niños pobres, ancianos pobres, etc., claramente todos
pobres, pero en cuanto tales, sin el glamour que exige la moda intelectual del
momento.
Ese desplazamiento del trabajo y los trabajadores, ha dado paso a la emergencia de
multiplicidad de sujetos sociales. Para las corrientes postmodernas más reaccionarias,
tales sujetos finalmente se diluyen en una masa de subjetividades particulares
(individuales) no susceptibles de aglutinar o responder a “lógica de equivalencia”
alguna; tales subjetividades son inconmensurables y no dan siquiera para populismos;
es el fin de la política y de todo valor universal.
Otras, las menos conservadoras, reconocen la plausibilidad de la conjunción de
intereses transindividuales y reponen la política pero solo como fenómeno episódico,
contingente y transitorio, tanto como lo es una coyuntura particular. Para éstas, los
conflictos pueden expresar una subjetividad colectiva pero por única e irrepetible vez;
no hay lugar para la memoria colectiva ni para ningún presente histórico que contenga
en potencia un futuro colectivo; todo es contingente, ningún horizonte histórico,
ninguna verdad y ninguna utopía, siquiera como idea reguladora o recurso movilizador.
En oposición a éstas corrientes y en defensa de las promesas de la modernidad, más
esperanzador ha resultado el esfuerzo de las teorías que relevan el rol de la acción
comunicativa y la construcción de consensos sociales como campo de acción
privilegiado de la política. Sin embargo, de todos modos, en la época del “giro
lingüístico”, la centralidad del trabajo ha desaparecido de escena.
Estas corrientes teóricas han permeado fuertemente a las franjas ilustradas de la
sociedad. Un segmento “progresista”, haciéndose eco del monopolio ideológico que
ostenta la concepción liberal de democracia, ha adoptado con toda naturalidad al
“ciudadano” como el sujeto político por antonomasia; el citoyen criollo, que
independiente de su lugar en la ciudad -y la producción-, es el soberano del poder
político de la nación bicentenaria. Como sea, este ciudadano es el “hombre político”,
aquel que realiza su libertad ejerciendo soberanía en el espacio de la interacción
lingüística en torno a materias de lo público.
Pero sabemos que libertad formal no es igual a libertad sustantiva; esta distinción
devela el límite insalvable de toda sociedad de clases. Por ejemplo en este país, aún
cuando se eliminaran las ostensibles limitaciones que impone al citoyen criollo la
Constitución de Lagos-Pinochet, tales como el sistema binominal, el sesgo
presidencialista del régimen político o la ley de financiamiento y funcionamiento de
partidos políticos, tal distinción mantendría toda su validez.
La distinción entre libertad formal y libertad substantiva es de la mayor significación en
las nuevas condiciones de funcionamiento del capitalismo actual, y si bien nuestras
herramientas teóricas apenas balbucean una interpretación del presente post crisis del
estatalismo socialista, desarrollos recientes justifican reponer una idea crucial de Marx:
la centralidad del trabajo, la centralidad de esa elemental actividad humana que es el
trabajo entendido como praxis social productiva y reproductiva.
El capitalismo del nuevo siglo ha extendido su lógica a casi todas las esferas de la vida
social transformando en mercancía todo objeto tangible, intangible o virtual susceptible
de vender y comprar; ha extendido por doquier las relaciones sociales capitalistas y
sometido al imperativo de la acumulación a los más diversos espacios personales y
comunitarios. Pero así como el capital se extiende, también más actividades humanas
se vuelven trabajo, trabajo para el capital. Este proceso ha implicado la emergencia de
nuevos contingentes de trabajadores vinculados a la producción de esas mercancías.
Sin embargo, en la medida en que tales contingentes y mercancías, especialmente las
intangibles y virtuales, adoptan nuevas estéticas no han sido fácilmente reconocibles
por la vieja clase obrera o por el sindicalismo clásico. Si entendemos que el capital no
es una cosa ni una forma, sino una relación social, quien produce socialización,
afectos o conocimientos, tanto como quien produce carbón o zapatos, si lo hace
mediado por una relación de compra y venta de su fuerza de trabajo al capital, es un
trabajador, produce plusvalía y sirve a la acumulación de capital, independiente que el
mismo lo crea o no y sea o no reconocido por otros, por ejemplo por los “obreros
manuales”, en su calidad de tal. La izquierda tradicional y el sindicalismo clásico
fetichizaron el trabajo así como el salario, en el primer caso, reduciéndolo a la forma
material de la actividad o del producto, y en el segundo, a su forma dinero; su
imaginario, su apreciación estética, ha impedido comprender que en el capitalismo
actual la clase trabajadora se ha extendido bajo nuevas formas y aumentado su peso
a pesar que los empleados en sectores extractivos, agrícolas e industriales, lo
disminuyan, incluso en algunas ramas en términos absolutos. Y todo esto sin contar
los cientos de millones los trabajadores asiáticos y este-europeos recientemente
incorporados a los circuitos de la acumulación de capital mundial.
Lo señalado ya es argumento suficiente para recuperar la centralidad del trabajo. Sin
embargo, el capitalismo actual nos entrega otras razones que, más allá de la
dimensión puramente cuantitativa, se relacionan con los aspectos cualitativos de la
producción.
El capitalismo del nuevo siglo también ha debido avanzar en otras direcciones. Un
área clave ha sido la extensión y profundización de los mecanismos de control socioculturales
requeridos para resolver las contradicciones que derivan de una expansión
sistemática y duradera de la productividad del trabajo provocada tanto por el cambio
técnico duro – nuevo capital fijo y circulante- como por las sucesivas reorganizaciones
de los procesos de producción y trabajo. Mucho antes de la crisis del patrón fordista en
los países centrales, el capital extendió su esfera de preocupación desde la
producción y circulación de mercancías a la esfera del propio consumo. En efecto,
sostener una dinámica de producción creciente de mercancías obligaba generar una
capacidad de absorción proporcional por el lado del gasto pero -y esto es lo que
queremos relevar- no sólo como mera capacidad de compra sino como disposición a
la compra, como disposición subjetiva al consumo. Esto no es trivial, pues si me doy a
entender bien, no me refiero sólo a la expansión de la demanda - en parte garantizada
por la regla fordista de aumentos reales del salario acordes con el aumento de la
productividad- sino antes que eso, a la expansión de las necesidades como motor de
la expansión de la demanda. Estoy hablando, por tanto, de la administración “racional”
de las subjetividades con el fin de inducir un crecimiento incesante de las necesidades
y naturalizar así el consumo compulsivo e irracional, el consumo basura y el
despilfarro, fenómeno que más recientemente se ha llamado “consumismo”. Esta
manipulación de las necesidades, cuando se transforma en industria, en industria de la
producción de subjetividad para el consumo, inaugura otro momento del capitalismo.
De hecho, usando una categoría de Agnes Heller para caracterizar el estatalismo de
los ex países socialistas europeos, el capitalismo se ha vuelto una “dictadura de las
necesidades”, solo que a diferencia de tales regímenes, dicha dictadura opera bajo la
apariencia de la libertad, “la libertad de elegir”, dirían los esposos Friedman.
Dicho esto, surge entonces una interrogante crucial: ¿Cual es el verdadero carácter de
esa escasez con la que se nos aterroriza cotidianamente? ¿Es ésta un límite
malthusiano, es decir, un estado natural de desbalance entre población y recursos?
¿O por el contrario, se trata de un desbalance artificialmente originado y sostenido
sobre la base del modo de vida vigente?
No podemos desbrozar todas las implicancias que tiene una pregunta de este tipo,
pero hay un aspecto que interesa resaltar aquí. Pensemos al revés. ¿Qué pasaría si la
sociedad organizada arrebatase al capital el poder que éste ejerce sobre las
necesidades y las auto administrara –definiera, jerarquizara, etc.- en concordancia con
el desarrollo de las facultades humanas y de acuerdo a criterios de sustentabilidad
social y ecológicas? Sin duda que la escasez impuesta por el capital se volvería
superflua. En efecto, esta escasez es resultado de la expansión incesante de las
necesidades inducida por el capital y su imperativo de la acumulación. Es fácil darse
cuenta que si el trabajo se hace cada vez más productivo con el apoyo de la ciencia y
la técnica, es absurdo que la gente trabaje más y/o más intensivamente. ¿Por qué
aumenta el tiempo de trabajo y su intensidad y no el tiempo de no trabajo, el tiempo
libre, si es evidente que el trabajo se ha hecho mucho más productivo en una
trayectoria de innovación y cambio técnico acelerados y de largo plazo de la que
nunca antes se tuvo razón? En efecto: si las necesidades no se desbocaran como
sucede bajo el régimen del capital, la jornada de trabajo podría haberse reducido en
proporción al aumento de la productividad. Por cierto, factores demográficos
-crecimiento poblacional, transición etaria- y la pobreza estructural de décadas,
absorben el efecto de una productividad acrecentada pero no completamente como
para justificar una intensificación del trabajo y la mantención de un estado de escasez
que nos amenaza diariamente. No, no; la clave está en la tiranía del capital que no
solo reina en las esferas de la producción y la circulación de mercancías, si no, como
ya se ha dicho, también en la esfera del consumo ocupándose de la multiplicación de
las necesidades con arreglo a sus fines, que no son, precisamente, los fines de una
humanidad emancipada.
Llegado a este punto, podemos entonces relacionar las luchas sociales que toman
forma en los movimientos sociales cuya estética evoca actores como los ciudadanos,
consumidores, mujeres, jóvenes, etc., cuyos contenidos giran en torno a la
democracia, los derechos individuales, el medio ambiente, los derechos reproductivos,
etc., con la idea de la centralidad del trabajo.
En efecto, al caracterizar el capitalismo actual como “una dictadura de las
necesidades”, caemos de bruces nuevamente en la dimensión de la producción y del
trabajo, pues: ¿Qué si no significa emanciparse de tal dictadura? Simplemente
reclamar soberanía respecto de las necesidades, es decir, de los fines de la
producción y por tanto de la distribución de las capacidades productivas humanas, las
capacidades colectivas de trabajo, del trabajo social. En simple: arrebatarle esas
dimensiones de decisión al capital, significaría construir un orden social en que los
propios productores –los trabajadores- fueran capaces de responder a las
interrogantes económicas que nos enseñaron en la escuela cuando niños: qué, para
quién y cómo producir. Claramente lo anterior significa cruzar el umbral de la libertad
formal y entrar directamente al terreno de la libertad sustantiva; no se trata del citoyen
que reclama derechos políticos civiles en la esfera de lo político, sino del sujeto
colectivo radical, que quiere extender tales derechos a las profundidades de la vida
misma, que politiza la existencia social al hacer del propio modo de vida un campo de
batalla por el ejercicio de la soberanía.
Con todo no queremos decir que la problemática social y cultural que han reivindicado
los movimientos sociales, sea reducible a la centralidad del trabajo. Ello no es posible
y ni tiene sentido político plantearlo. Pero si decir que la izquierda tradicional y el
sindicalismo clásico, impedidos de superar los límites de una visión fetichizada del
trabajo y salario, no han podido establecer un diálogo estratégico con tales
movimientos que permita potenciar sus luchas y unificar fuerzas en pos de una
alternativa emancipadora. La izquierda y sindicalismo tradicionales han quedado
atrapados en un imaginario que se resiste a ahondar en la complejidad del capitalismo
actual. La primera, reduce las luchas de los ciudadanos a los límites de la democracia
representativa sin siquiera recoger el legado teórico de una crítica radical al Estado, o
peor aún, de las experiencias estatalistas de inspiración socialista que ella defendió; el
segundo, limitando sus luchas a mejoras salariales y beneficios monetarios sin
atreverse a criticar el contenido social del salario que, a fin de cuentas, es definido por
el capital -alimento basura, vivienda basura (cuando la hay), ambiente basura,
educación basura, salud basura, transporte basura, cultura basura, etc.- al manipular
las necesidades y sus satisfactores. No estaría de más que nos preguntásemos si
tiene sentido alguno seguir endosando nuestra soberanía a los profesionales de la
política que, es archisabido, terminan subordinando los fines colectivos a sus intereses
propios, o también, si lo que queremos es más salario y más ingreso para seguir
consumiendo basura y horadando las bases naturales de nuestra propia vida.
Una fuerza más abierta puede entonces relacionar directamente gran parte de las
reivindicaciones de los movimientos sociales y ciudadanos con las de los trabajadores;
y no para subordinarlas o postergarlas para un incierto futuro posterior a la
construcción de la nueva sociedad. No, no. Si, como hemos mostrado, se trata en el
fondo de una misma reivindicación, lo correcto es contribuir a radicalizarlas, llevarlas al
campo de la emancipación, al campo de la lucha por la libertad sustantiva que implica
luchar por hacernos del control de nuestras necesidades y construir los arreglos
sociales que permiten definirlas, jerarquizarlas y satisfacerlas de acuerdo a los fines de
los propios productores, o lo que es lo mismo, distribuir y asignar el trabajo social y el
tiempo libre, de acuerdo a los fines de los propios trabajadores. Y también a la inversa,
aprovechar y potenciar las formas democráticas de acción de tales movimientos;
prácticas y métodos organizativos que -en apariencia pre políticas- anuncian la política
del futuro.
Así, la centralidad del trabajo, al partir del elemental hecho de la existencia de seres
vivientes cuyo imperativo es su reproducción y por ello compelidos a producir las
condiciones materiales y simbólicas de su existencia, lo que se releva es un acto
eminentemente práctico: el trabajo; una praxis constitutiva que, por más que sus
formas hayan cambiado en la época del capitalismo actual, sigue siendo un campo de
batalla entre el modo de vida del capital y un modo de vida emancipado de su tutela.