viernes, 30 de septiembre de 2011

Carta en apoyo al paro nacional de la CONFUSAM

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Viernes, 30 de septiembre de 2011

CONFUSAM
CESFAM Ultraestación


Estimados miembros de la CONFUSAM:

Estando en pleno conocimiento de las causas que los han llevado a estas paralizaciones de los días 28, 29 y 30 del presente mes; tales como demandas por mejoras  de bienestar en salud, aporte per-cápita para la atención en salud, esto sumado con la intención del MINSAL de desmunicipalizar la salud  y  la indiferencia que posee el poder ejecutivo en mejorar  las políticas en materia de Salud Pública en Chile, es que  entendemos estas movilizaciones no como una forma de estar en contra de los  usuarios de la salud, sino en contra de un Gobierno que no respeta sus compromisos y que además provoca, amenaza, insulta y públicamente agrede a la CONFUSAM y a su dirigencia, estamos frente a un  Gobierno que si bien en el discurso dice defender la Salud Pública, en los hechos hace esfuerzos sistemáticos por favorecer la privatización.  Es por esto que como Colectivo de Salud de la  Universidad del Bío-Bío Chillán (COSUBB) venimos a brindar nuestro apoyo a estas legítimas y nobles demandas que como funcionarios logran instalar en la palestra y hacen participe a los pobladores de ellas logrando un total apoyo por parte de la población.

Nos parecen ilegítimos los dichos por parte del Ministerio de salud, donde se refieren a iniciar la desmunicipalización de la Atención primaria y otorgar la administración de esta a organizaciones de derecho público sin fines de lucro tales como las universidades. Esto solo demuestra que el estado como tal desea desligarse de toda administración pública y pasarla a manos de terceros. Consideramos esto una medida irresponsable, ya que va en desmedro directo de la calidad y equidad de atención que puedan recibir los usuarios de la salud. Además creemos improductivo que algunos tipos de Universidades tomen la administración de centros de salud, ya que ni siquiera pueden administrar sus propias casas de estudios.

Por eso como estudiantes creemos que es fundamental  la organización ya que esta, hace la fuerza para poder construir un futuro mejor para nuestros pobladores y así entregar una atención de calidad y mejoras en salud.






Colectivo de salud UBB 
COSUBB Chillán.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Invitación a Acto Obrero - Unión Portuaria del Bio Bío

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Compañeros(as):



La Unión Portuaria del Biobio conmemorará, este día jueves 22 de septiembre, el día del Trabajador Portuario. Ese día fue elegido para recordar a los 4 dirigentes portuarios del puerto de San Antonio asesinados el mismo día, pero el año 1973, por la Dictadura Militar . A través de sus figuras buscamos reconocer el trabajo histórico, en la formación de este país, que los trabajadores organizados en los puertos han realizado muchas veces con sacrificios que en no pocas ocasiones les ha costado la vida.

Para ello se realizará, en la entrada del Puerto de San Vicente, un acto artístico cultural abierto a la comunidad y a la familia portuaria. Dicho evento se dará inicio a las 12:00 hrs. hasta las 15:00 y contará con la presencia de dirigentes de la Unión, de sectores amigos y de la sociedad organizada.

Esperamos contar con la presencia de todos(as) y recordar este y todos los demás años a todos los compañeros de labores que han luchado por un país mejor y una sociedad mejor.

UNIÓN PORTUARIA DEL BIOBIO

martes, 13 de septiembre de 2011

Chile: La Rebelión Encapuchada

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por Igor Goicovic Donoso, Fuente: G80

En cada ocasión que los estudiantes y las organizaciones populares se movilizan en el espacio público, los medios de comunicación al servicio de las clases dominantes chillan al unísono: ¡Violencia! Se suceden las imágenes de jóvenes encapuchados que levantan barricadas, arrojan piedras sobre la fuerza pública y destruyen parte del equipamiento urbano. Los conductores de televisión, los reporteros en la calle y una variada gama de opinólogos condenan rápidamente los hechos. Se suceden sin ningún rigor conceptual anatemas tales como: “Violentistas”, “terroristas”, “anarquistas”, “lumpen”, “delincuentes”, etc. Pero nadie, no obstante, se ha preocupado de analizar de manera rigurosa las causas que precipitan la comisión de los actos violentos y mucho menos se ha intentado explicar el profundo trasfondo político que subyace a este tipo de protesta. Quienes protagonizan este tipo de manifestaciones son personas (mayoritariamente jóvenes populares), profundamente molestas con el sistema de dominación de clase existente actualmente en el país. Están molestos con el modelo económico que los explota a ellos, a sus hermanos o sus padres; están molestos con la estructura inequitativa de la sociedad que condena a una parte importante de la población a la miseria o al endeudamiento crónico; están molestos con la represión policial, que golpea cotidianamente sus poblaciones; están molestos con el imaginario simbólico que recrea un mundo de fantasía que sólo se encuentra disponible para unos pocos privilegiados. Existe un largo acumulado de tensiones, frustraciones y desencantos que se han venido acentuando y que, hoy día, en el marco de las movilizaciones sociales (estudiantiles, medioambientales, indígenas y recientemente de trabajadores), se expresan como rebeldía popular.

Se trata de una rebelión espontánea, en la cual no se visibiliza con claridad ningún tipo de centralidad ideológica. No, a lo menos, como se observó en América Latina y Chile entre las décadas de 1960 y 1980. Tampoco se pude negar la existencia de organizaciones sociales y políticas que se reconocen en núcleos ideológicos, como el anarquismo o el marxismo, que participan activamente en los enfrentamientos callejeros. Pero, a mi juicio, estas organizaciones no poseen hoy día un control efectivo sobre dicho enfrentamiento. Es más, una parte de las acciones violentas que se han podido observar recientemente carecen de conducción política y de orientación ideológica: Por ejemplo, los ataques a pequeños establecimientos comerciales y el saqueo de colegios en la periferia urbana. No obstante, en estas acciones, así como en los ataques contra los grandes supermercados, las cadenas de farmacias, las instituciones financieras o los centros comerciales, existe un denominador común: La rabia. De ahí que estas acciones continúen expresando el  profundo descontento social que la inequidad ha venido construyendo.

Es más, la espontaneidad de las acciones violentas remite, incluso, a la forma escasamente estructurada que poseen los ataques contra los dispositivos represivos del Estado. La masa arremete contra carabineros sin planificación operativa alguna y, normalmente, armada sólo con los recursos que provee el medio urbano (piedras y adoquines). Por lo mismo, se puede caracterizar como una violencia de baja intensidad. Particularmente si la ponemos en relación con los conflictos sociales y políticos que se viven actualmente en Colombia, México o Brasil.

Cabe señalar que este tipo de manifestaciones no son en absoluto novedosas. Por el contrario, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se hicieron particularmente recurrentes. Cada vez que se producía una crisis económica que afectaba a la subsistencia de las clases populares o en cada oportunidad en que la legitimidad del régimen político experimentó un importante grado de deterioro, la furia popular irrumpió en el espacio público. Sólo por mencionar algunos hitos emblemáticos podemos referir, el motín de los tranvías de 1888, la huelga de la carne de 1905, el motín urbano de abril de 1957 y las protestas populares contra la Dictadura Militar del ciclo 1983-1987. En todas esas ocasiones, y en muchas más que podríamos enumerar, los manifestantes saquearon o intentaron saquear los establecimientos comerciales de la burguesía, atacaron tanto la sede de gobierno como los palacios señoriales en los cuales se regocijaba y ostentaba impúdicamente su riqueza la oligarquía, se enfrentaron con las fuerzas represivas del Estado y destruyeron parte del equipamiento u ornamentación pública. En todas esas oportunidades, además, la represión, al igual que hoy, actuó con particular saña y alevosía. Es importante señalar que en este tipo de manifestaciones siempre los muertos se encuentran en las filas de los que protestan; no de quienes reprimen. Por el contrario, quienes históricamente han masacrado al pueblo han recibió premios y ascensos; como fue el caso de Roberto Silva Renard, el general responsable de la matanza de la Escuela Domingo Santa María de Iquique en 1907. Mientras que hoy día los crímenes alevosos, como el de Manuel Gutiérrez, son calificados como “violencia innecesaria causando la muerte”, lo cual supone para el criminal, en el peor de los casos, una condena de tres años de prisión.

En el contexto de esta asimetría de fuerzas y de recursos los medios de comunicación al servicio de la burguesía cumplen la tarea de criminalizar la protesta popular. Pero lo que sucede hoy día con los medios de comunicación no es muy diferente de lo que ocurría a comienzos del siglo XX, en el contexto de la emergencia de la llamada “cuestión social”. Efectivamente, las protestas obreras, que demandaban mejores condiciones laborales y de vida, no sólo eran violentamente reprimidas; también eran criminalizadas. Quienes protestaban eran “enemigos de la patria, de la propiedad y de la religión”. Hoy, como ayer, existe un control monopólico sobre los principales medios de comunicación; tanto impresos (El Mercurio y COPESA), como en radio y televisión. Ello hace que la línea editorial referida a la conflictividad social se uniforme: Las demandas son “desmedidas”, los estudiantes son “intransigentes”, las propuestas están “ideologizadas”, etc. Luego, ante la imposibilidad de invisibilizar la protesta, se instala el discurso homogenizador en torno a las formas correctas de movilizarse: Lo lúdico, lo festivo, lo carnavalesco. Y, de la misma manera, se encuadra el “sentido” de la manifestación: Que sea autorizada, que se desarrolle donde las autoridades quieren, que programáticamente se ajuste a lo que el sistema puede ofrecer y que se autoregule en su trayectoria y desarrollo. En consecuencia, toda manifestación que rompa con las “formas políticamente correctas de expresarse” es rápidamente anatemizada y criminalizada. No obstante, lo que más llama la atención es esta verdadera ausencia de profesionalismo o rigor de los periodistas adscritos a estas cadenas, que no sólo no hacen su pega, sino que se convierten más bien en espurios portavoces del gobierno o de los patrones. A ese efecto habría que destacar que situaciones de violencia “estructural”, como la desigual distribución de la riqueza, la explotación laboral, la expoliación comercial de las grandes cadenas de retail o la usurpación y represión de que han sido objeto históricamente los mapuche, o no concitan el interés periodístico o son rotuladas con eufemismos. Por ejemplo, estos medios jamás han hablado en el caso de Manuel Gutiérrez de asesinato o de alevosía. Se han referido a su deceso como “la muerte del joven poblador”; como si se hubiese muerto en su cama de causas naturales. Pero si han enfatizado en el arrepentimiento que habría mostrado el carabinero que lo mató. Estas violencias estructurales son, sin lugar a dudas, un factor clave en el desencadenamiento de las violencias reactivas que protagonizan los jóvenes populares.

Otro aspecto particularmente preocupante es la configuración de un escenario de enfrentamiento “horizontal” entre quienes participan de las manifestaciones populares. Al respecto creo que es necesario considerar dos situaciones. Por una parte, se puede observar un importante grado segmentación social entre quienes protestan. Efectivamente, una parte de los estudiantes adscritos a las carreras profesionales aparentemente más exitosas (medicina, ingenierías, derecho, etc.), provienen de estratos socioeconómicos más acomodados o dotados de un mayor “capital cultural”. Estos estudiantes universitarios se refieren a los jóvenes no universitarios (secundarios y subocupados), como: “flaites”, “sopaipillas”, “lumpen”, etc., reproduciendo, de esta forma, el discurso estigmatizador y criminalizador del gobierno y los patrones. Luego, encuadrados en el discurso de la “manifestación políticamente correcta”, se pueden llegar a convertir en delatores (cuando señalan a sus compañeros a la policía), o en agentes directos de la represión (cuando detienen y entregan a la misma policía a estos compañeros). Hay mucha irresponsabilidad en el gobierno, en los medios de comunicación e incluso entre algunos dirigentes sociales, cuando impelen a estas personas a enfrentarse con los manifestantes encapuchados. El día de mañana si se llega a producir un enfrentamiento fatal la responsabilidad política estará entre quienes incitan al conflicto fratricida.

Otra línea de interpretación remite a los dos fundamentos constitutivos de la sociedad de clase en Chile: El orden público y la propiedad. Si debemos reconocerle un mérito a la oligarquía primero y la burguesía después, fue haber elevado estos dos principios a la condición de valores naturales; alcanzado incluso un importante nivel de transversalización social. Muchos creen, hoy día, que tienen algo que perder: Un auto, un pequeño negocio, la casa. Y lo meritorio del sistema fue haber instalado en este sector de la sociedad que la amenaza la constituye el “otro” desprovisto o precarizado. De aquí surge el viejo y reiterado discurso fascistoide de la “mano dura”. Cualquier amenaza a la propiedad deviene en amenaza al orden público. En consecuencia el recurso a la represión se valida ampliamente.

En este contexto la violencia encapuchada se convierte, también, en una rebelión simbólica y cultural. Es la rebelión contra todas las formas inveteradas que ha asumido la subordinación; es el rechazo al “mandé patrón”, “como usted diga jefe”, “perdone mi cabo”. El encapuchamiento rompe con toda forma de subordinación y en cuanto ruptura constituye una disonancia no sólo para el Estado y los patrones, sino que, también, para quienes han internalizado el discurso oficial. No obstante encapucharse es un acto político, en cuanto expresa la voluntad de rebelión frente a las condiciones estructurales de la violencia (económica, social y política) y, por otro lado, es un gesto de desafío frente a la pusilanimidad con la cual se ha hecho política en Chile.

Dr. Igor Goicovic Donoso
Director Magíster en Historia
Departamento de Historia
Universidad de Santiago de Chile

sábado, 3 de septiembre de 2011

Carnaval cultural por los/as niños/as y bienvenida primavera. Población Luis Cruz Martínez de Chillán

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Compañeras y compañeros. Luego de la suspensión del Carnaval el pasado 28 de Agosto, debido a la lluvia. El Concejo de la Población Luis Cruz Martínez hace la invitación a participar de este Carnaval para el día 25 de Septiembre, adjuntamos la invitación.



Las organizaciones sociales y territoriales de la Población Luis Cruz Martínez, en conjunto con estudiantes de la Universidad del Bío Bío, Universidad de Concepción y Establecimientos Escolares del barrio invitan a los/as vecinos/as del sector y de la comuna a participar este domingo 25 de Septiembre a las 15.00 hrs del “Carnaval Cultural por los derechos de los/as niños/as y jóvenes y bienvenida de la primavera” que se llevará a cabo en nuestra población, comenzando el recorrido en el parque Ecológico ubicado en Calle Lord Cochrane, pasando por calle Antártica Chilena, posteriormente calle Simón Bolívar y culminando con un compartir en la sede vecinal de la Junta de Vecinos 20-A, ubicada en calle Antártica Chilena #1505.
El objetivo del Carnaval es dar a conocer a la comunidad en general los derechos de los/as niños/as y jóvenes, así como posibilitar el contacto y la participación de las familias de la población en un espacio de vinculación comunitaria y reconocimiento mutuo.

La situación de la Infancia y Adolescencia en el País y el Mundo exige a las organizaciones que están insertas en el mundo popular tomar medidas para reivindicar y ejercer derechos esenciales de ellos. No sólo en el plano del respeto de los derechos consagrados en la Convención de los derechos de los niños/as realizada en 1989, sino más bien establecer mecanismos comunitarios que posibiliten la realización integral de ellos y sus familias, acogiendo a la Infancia y Adolescencia como actores de importancia en el fortalecimiento de las organizaciones poblacionales y la reconstrucción de tejido social.

De esta manera, desde los barrios chilenos se debe buscar reivindicar y establecer espacios de ejercicio de los derechos de los niños/as, tomando en consideración que éstos entran en contradicción con los abusos de un sistema económico que socava y pervierte profundamente a millones de personas en el mundo, desde la explotación de una clase social sobre otra. En una sociedad dividida claramente en éstas, la realización integral y humana de los niños/as y adolescentes es imposible. Sólo la organización puede ir dotando de sentido la vida y descascarando el ropaje de dominación que cubre a una inmensa mayoría de personas en el País y el Mundo.

Por último, reiteramos el llamado a que los/as niños/as y sus familias se plieguen a la actividad del 25 de Septiembre, solicitando que asistan a la jornada con disfraces y coloridos para alegrar la tarde

Convoca:
Concejo Luis Cruz Martínez

Organizaciones firmantes:
Junta de Vecinos 20-A
Junta de Vecinos 20-B
Junta de Vecinos Infantil “Nuevos Vientos”
Junta de Vecinos Infantil “Por un Futuro Mejor”
Club de Adultos Mayores “Antártica Chilena”
Grupo Juvenil “Puños al viento”
Batucada “Tatoobac”
Agrupación “Por Nuestros Hijos”