miércoles, 31 de octubre de 2012

La Gran y dolorosa Transformación

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por Marco Kremerman
Investigador Fundación SOL @lafundacionsol
Publicado en El Desconcierto N°3, Septiembre 2012

El neoliberalismo no sólo corresponde a un compendio de ciertos principios económicos, sino que a una ideología que excede el campo de la economía y desarrolla una visión del hombre y la cultura centrada en una antropología individualista y pesimista.
A partir de 1973 y en la medida que la dictadura iba sentando las bases de su gobierno, el país sufrió una gran transformación y fue objeto de un experimento social con repercusiones insospechadas hasta el día de hoy. Algunos jóvenes economistas chilenos formados en Chicago, convencieron a los generales de la época y los impulsaron a aplicar las teorías de Hayek y Friedman de la manera más pura posible. En concreto, la tradición neoliberal hecha carne en Chile, transformándonos en una especie de conejillo de indias, corresponde a aquella que tomando los principios básicos del liberalismo económico de Adam Smith, pasa por alto sus alcances éticos.

El modelo que se instala a la fuerza en nuestro país, bajo la premisa que la economía y la sociedad se ordenan de manera espontánea y que no existe lo bueno y lo malo, sino que son los propios comportamientos egoístas del ser humano que busca la ganancia ilimitada lo que a la larga provoca mayor bienestar en la sociedad, obliga a transformar al Estado en un ente subsidiario que sólo debe preocuparse de que las personas superen un umbral mínimo de pobreza para que puedan competir en “igualdad de condiciones”. Cualquier intervención que se haga a un mercado que debe autorregularse, es vista como injusta y dañina, ya que a través del sistema de precios y las preferencias de los consumidores el mercado logra coordinar de manera más eficiente a la economía, y lo que es más preocupante, “a la sociedad”.
Este experimento no se interesa demasiado por los medios para llegar al mercado autorregulado. Por ello, el shock de la dictadura fue vital para desmontar todos los sistemas solidarios existentes y cualquier intervención que limitara las fuerzas de la empresa privada. De esta forma se generó un nuevo sistema de previsión social (AFP), un Plan Laboral, cambios profundos al Sistema Tributario, al Modelo de Educación, a la Salud y se frenó cualquier intento de industrialización, todo sellado bajo la Constitución de 1980.
Sin embargo, la utopía del neoliberalismo se transformó en una serie de instituciones que fomentan el comportamiento individual, pero que terminan otorgando privilegios especiales a un pequeño grupo de la población: Para eso, siempre son aceptados perdonazos y leyes especiales para los animales más grandes de la selva. La implantación del modelo neoliberal en Chile corresponde a un modelo ad hoc, que entronca con nuestra historia colonial, en donde las instituciones fueron diseñadas por y para las elites.
Bajo el pretexto del crecimiento económico, nos obligaron a pasar de ciudadanos a consumidores (altamente endeudados) y nos enseñaron que siempre podemos tener mayores beneficios si actuamos de manera individual. Mientras, se iban conformando y capitalizando los grupos económicos que hoy deciden las reglas del juego del país y a los cuales quitándole todas las piedras del camino se les permitió acumular de manera ilimitada. No podía ser de otra manera, el neoliberalismo desconoce los procesos históricos que estructuran la distribución inicial de recursos.

Las grandes empresas comenzaron a recibir recursos frescos de los trabajadores de Chile a través de las AFP, se quitó poder a los trabajadores criminalizando y reduciendo a su mínima expresión el derecho a huelga, dificultando las posibilidades de sindicalizarse y a negociar colectivamente, se crearon mecanismos para eludir el pago de impuestos y se generaron dos nuevos nichos de mercado: la educación y la salud.
Las consecuencias de esta implantación forzosa, administrada por los gobiernos de la Concertación corresponden justamente a lo que hoy en día brota a modo de malestar, asombro o indignación: chilenos endeudados, atomizados, desconfiados, trabajadores que laboran 45 horas a la semana y son pobres en un país que genera mucha riqueza, contribuyentes que en términos proporcionales deben pagar más impuestos que las principales fortunas del país, con una Educación Pública que se cae a pedazos y una Salud Pública indigna. El modelo instalado no era natural ni caído del cielo. Ha sido una construcción histórica e ideológica que ha transformado a la sociedad chilena, sus conductas, sus hábitos, su sentido común. Ese es el daño provocado y es justamente lo que ahora podría estar en disputa.

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